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En cuatriciclos, de noche y hasta el Faro Querandí
Jueves, 09 de Febrero de 2012 18:57


Es una travesía que sale del límite sur de Mar Azul.  Son 17 kilómetros por playas y médanos vírgenes. En cualquiera de los balnearios de la Costa Verde, uno de los símbolos más habituales es es el cuatriciclo. Es sabida la devoción que genera este vehículo entre muhos veraneantes. Pero si en cambio alguien aún no probó la experiencia de subirse a uno y vagar por dunas y médanos en la soledad de la noche, la Travesía Nocturna desde Mar Azul hasta el Faro Querandí es la oportunidad de sacarse la duda y comprobar en primera persona lo increíble de esas casi cuatro horas de aventura.

“Gesell ATV hace casi 25 años que se dedica a este tipo de experiencias, es la más antigua de la zona”, explica Alejandro, el líder de los guías que comandan la excursión hasta el faro ubicado a 17 kilómetros del punto de salida, en 47 y el Mar. “El Pelado”, como lo llaman, explica que es fundamental manejar a conciencia: “La clave está en ser responsable, porque es un programa armado para la familia, vienen muchos chicos acompañados con sus”.

Y si bien el límite sur de Mar Azul es un bosque que se asemeja más a un lugar agreste que a calles con negocios y tránsito propio de un centro comercial, apenas comenzada la travesía el panorama cambia abruptamente: la playa gana muchísimos metros, el cemento ya no forma parte del paisaje y las luces de las casas son cada vez más diminutas. “Se llama ‘playa en construcción’, es un proceso natural propio de un lugar en el que el viento y el mar van cambiando el terreno de manera continua. Es playa virgen”, explica El Pelado.

Al rato, ya en plena noche cerrada, desde lo más alto de una duna se ve a la derecha –y bastante lejos- una hilera de luces que avanzan en sentido contrario al de la fila de los 23 cuatriclos ¿Otro grupo aventurero? Nada de eso: son los vehículos que viajan por la Ruta 11 en sentido hacia el norte y que se ven a la distancia, de la misma manera que ya se divisa la luz del Faro Querandí mucho más lejos, pero con una potencia notable.

Algunos médanos más, bajadas pronunciadas desde lo alto del filo y trepadas a toda potencia para no quedarse encajonado en el médano. Una liebre solitaria que huye de la caravana. Son las últimas instantáneas antes de llegar a la meta. Es la hora del refrigerio al pie del faro.

Otra vez a los cuatris, queda el regalo de la vuelta bordeando la costa y el placer de sentirse en una situación tan antigua como nueva, según, claro, el recuerdo personal de cada aventurero. 


 
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